October 2024
Por décadas se ha hablado de las emisiones de gases efecto invernadero, y finalmente le llega el turno al metano. Si bien pocas personas entienden el vínculo con los residuos, la producción antropogénica de este gas a partir de nuestra basura genera un quinto del total a nivel global. La era de la mitigación del metano nos brinda una tremenda oportunidad para dar un giro positivo al mundo de la gestión de los residuos sólidos (y líquidos) municipales.
Técnicamente evitar la producción de metano es fácil, y las condiciones para hacerlo no son particularmente complejas de implementar: la acción consiste en separar nuestra basura en una fracción húmeda u orgánica (restos de la preparación de alimentos) y otra seca (lo que habitualmente hemos entendido como reciclable: vidrios, latas, tarros de conserva, papel, cartón, etc.). ¿Qué sistemas existen para llevar esa acción a la realidad? compostar o vermicompostar en nuestras viviendas, trasladar nuestros residuos separados a puntos de acopio, esperar el día de recolección de orgánicos, entregar a los recicladores que están gestionándola, pagar por este servicio, o bajarlos a los contenedores diferenciados de nuestros edificios para que otros valoricen estos residuos a través del compostaje, digestión anaeróbica o el uso de larvas de mosca soldado negras. E idealmente cuando no existan otras vías de gestión, nos movilicemos para que así sea. Una acción simple como esta hoy resulta muy difícil de impulsar porque hemos naturalizado la acción de mezclar nuestros residuos, esconderlos en una bolsa negra y hacerlos desaparecer en donde sea que los desechemos.
Como en todas las Cumbres del Clima, la COP 29 en noviembre de 2024 en Azerbaiyán será un nuevo desafío para impulsar estrategias de reducción de gases de efecto invernadero. A través del trabajo en residuos la humanidad tiene en sus manos una herramienta efectiva y rápida para disminuir las emisiones de metano y otros gases de efecto invernadero, mientras que el financiamiento climático podría abrir las puertas a soluciones justas, saludables y muy necesarias hoy en día para enfrentar la triple crisis planetaria. Esperamos que en esta COP 29 se vuelquen las miradas hacia los proyectos y el trabajo que se viene realizando en América Latina, con miras a la COP 30 que será en Brasil en 2025.
Porqué en el siglo XXI todavía no invertimos lo suficiente en gestionar adecuadamente (e inocuamente) los residuos
Desafortunadamente una radiografía del sector de los residuos en América Latina incluye los siguientes aspectos:
- Por más que los ingenieros y grandes empresas, corporaciones y bancos han desarrollado y facilitado la instalación de soluciones tecnológicas, los problemas asociados a la generación de basura domiciliaria crecen y se descontrolan porque a la industria no se le ponen límites ni condiciones a su producción de residuos, ni al tipo de productos químicos utilizados en su fabricación, porque efectivamente la fiscalización de leyes y normas no se realiza, y porque también al consumidor se le invita a disponer sus residuos mezclados.
- Los municipios pasan a ser los responsables protagónicos de la recolección, tratamiento, y disposición final de residuos sólidos municipales, y quienes tienen que enfrentar la creciente producción de residuos en América Latina sin presupuesto, personal, equipo, ni capacidades específicas suficientes. Hasta ahora una gestión mejorada de los residuos municipales solamente ha sido fruto de voluntad política; o de insistencia e iniciativa impulsada desde las organizaciones de la sociedad civil.
- Dado este creciente desafío, es crucial pensar en el problema sistémico que origina las siguientes derivadas: zonas de sacrificio, emisiones de metano, contaminación de cuerpos de agua, y suelos; emisiones de material particulado, carbono negro y otros contaminantes orgánicos persistentes a la atmósfera, etc.
- La gestión de residuos es una necesidad urgente que involucra actores de variados sectores. Desafortunadamente, hoy en día vemos que la solución más popular o la que la mayoría de los gobiernos locales considera como un mínimo deseable es una solución ”de final de tubería” (rellenos sanitarios, vertederos). Los grandes gestores de residuos solo se movilizan cuando la gestión representa un negocio, y por desgracia ese negocio, normalmente es contraproducente. Adicional a ello, la industria del plástico, envases, y embalajes, se jacta de proyectar crecientes utilidades, sin asumir ninguna responsabilidad ambiental.
- Aunque parezca increíble, todavía se practica la quema de basura al aire libre inclusive en zonas urbanas, y se promociona o menciona el enterrar basura en zonas rurales como una solución a la gestión de residuos.
- Existe creciente comercio transfronterizo de residuos plásticos, los que en general no tienen trazabilidad, y por lo tanto se desconoce su destino final una vez en los países de destino.
- Mediciones hechas desde el espacio (1) indican que hay grandes emisiones de metano del sector de residuos, sobre todo en vertederos, pero también en rellenos sanitarios, y varios de los emisores más grandes detectados se encuentran en América Latina
- Un gran eslabón que ha quedado relegado en el mundo de los residuos orgánicos es la pérdida y el desperdicio alimentario que contienen esos residuos.
- La presión por responder a esta crisis de residuos la está aprovechando la industria de la incineración en el sur global, que pretende convencer que es una solución mágica y ambientalmente inocua; un obstáculo que debiera salir del juego.
La necesidad de movilizar recursos hacia soluciones de bajas emisiones y justicia ambiental en el sector de los residuos municipales en América Latina
Esperamos que todas las organizaciones y tomadores de decisión que asisten a la COP 29 entiendan que el financiamiento climático debe ir en la dirección correcta: en la implementación de proyectos que engloben soluciones de bajas emisiones, que generen verdadero impacto positivo en los territorios.

Trabajo con las comunidades que impulsan el compostaje autogestionado; Fundación El Árbol, Concepción, Chile
Impulsar la separación en origen, trabajando codo a codo con y para la sociedad, con la incorporación de los recicladores de base al sistema resulta clave en un momento en que muchos países (México, Argentina, Brasil, Chile) de LAC están viviendo el colapso de sus rellenos sanitarios o presionados ante la contaminación e impactos de los vertederos a cielo abierto, cuyas emisiones de metano se encuentran entre las más altas entre los vertederos del mundo.(2)

Apoyar la articulación social, las estructuras de gobernanza, el desarrollo de instrumentos y la diversificación de mecanismos de financiamiento, así como la implementación de obligaciones graduales, permitirá que los proyectos de gestión de residuos orgánicos sean atractivos y sostenibles en el tiempo. Y que pasemos de la huerta urbana comunitaria, al uso del compost, y la instalación de espacios de gestión de residuos orgánicos en jardines botánicos, en cadenas de hoteles, y en zonas vulnerables y estigmatizadas, inclusive. Debiera ser una posibilidad, por ejemplo, que los propios municipios, gestores comunitarios y recicladores de base puedan tratar los residuos orgánicos, y vender el compost que producen, y que el mercado no sea solamente para los privados.
Intercambio entre organizaciones centroamericanas que trabajan en agroecología con comunidades de jóvenes, y mujeres indígenas CESTA (El Salvador) y CEIBA (Guatemala)
América Latina mantiene vivas importantes redes de agroecología capaces de generar alimentos sanos y libres de tóxicos. Una alta ambición en las políticas climáticas (NDCs por ejemplo) en el ámbito de los residuos significa ayudar a los municipios a implementar tecnologías sencillas y menos costosas, teniendo a mano todas las capacidades necesarias, generando los mecanismos de financiamiento para que nuestros países sean capaces de mantener dichas estrategias vivas en el tiempo de forma descentralizada tanto en zonas urbanas, como rurales, buscando la complementariedad de ambos territorios. De la mano con limitar la producción de plástico, y prohibir las falsas soluciones, como el reciclaje químico, los bonos de plástico, entre otras.
Huertas agroecológicas en sitios peri-urbanos


La seguridad y soberanía alimentaria encuentran un aliado en la recuperación de los residuos orgánicos para compostaje, o digestión anaeróbica, y su rol como componedores del suelo; mientras que la incineración y el enterramiento de dichos residuos así como de porciones importantes de alimentos en buen estado resulta una aberración en un continente como América Latina, donde más de 40 millones de personas aún sufren hambre.
Cocina comunitaria de la iniciativa “Revolución de los baldiños” Complejo Montecristo, Florianópolis, Brasil

Si realmente queremos ambición en las NDC, la gestión de residuos orgánicos podría ser incluida, planificada e incentivada en espacios de planificación territorial que incorporen la mayor cantidad de estos aspectos: los territorios tienen sus dinámicas y flujos de residuos, aguas y energía que organizar. El flujo de bioresiduos (desde los residuos orgánicos alimenticios, pasando por los lodos de aguas residuales, hasta las podas y residuos verdes de jardinería, sin olvidar los residuos y rastrojos agrícolas) puede ser muy provechoso si sabemos planificarlo, y beneficiarnos de ello. Invertir en estos proyectos es invertir en la vida.
Para poder proveer insumos, ejemplos de buenas prácticas, y poner en vitrina ejemplos de proyectos que se enmarcan en el plan basura cero y justicia ambiental, desde GAIA estaremos ofreciendo varios eventos paralelos en la COP 29. Compartimos además mayor detalles del tipo de proyectos en que se enmarca la justicia climática: en este documento ofrecemos una panorámica de lo que están realizando nuestros miembros en América Latina.
Camión municipal de recolección selectiva de residuos orgánicos, en Florianópolis, Brasil
