Por Sirine Rached, GAIA Global Policy Advocate 

En 2019 se vio un incremento en el caos ambiental y en las movilizaciones para tomar medidas decisivas. Días antes de que comenzara la COP25 en Madrid bajo la presidencia de Chile, el Programa para el medio ambiente de la ONU anunció que los países tenían que reducir sus emisiones globales de gases efecto invernadero en un 7,6% todos los años hasta 2030 para alcanzar el objetivo de 1,5ºC del Acuerdo de Paris -reducciones que son cinco veces más altas que lo que ya se habían comprometido en las Contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs). A pesar de estas importantes apuestas y que el 2019 llegó a su fin, la COP25 terminó siendo un fracaso.

 

Mientras los países se reunían a negociar las reglas del Acuerdo de París, los países ricos e industrializados continuaron negando la compensación a los países que ya están siendo gravemente afectados por el cambio climático, e intentaron evadir su responsabilidad negociando vacíos legales adicionales, y no se llegó a un acuerdo sobre el financiamiento climático a largo plazo. Estados Unidos, que va a abandonar el Acuerdo de París el próximo año, se destacó nuevamente por centrarse en proteger a los contaminantes de su responsabilidad y por obstruir los avances. Chile había prometido una “COP azul” pero el reconocimiento de la importancia de los océanos y las áreas costeras se limitó a intentos por monetizar el “carbón azul” capturado en los ecosistemas marinos en lugar de protegerlos de verdad.

 

Si no se avanzó, se evitó algún daño con la falta de consenso respecto a los nuevos reglamentos para los mercados de carbono (Artículo 6 del Acuerdo de París). En principio, los mercados de carbono permiten que las naciones ricas compren reducciones de emisiones en países pobres para registrarlas en sus propias metas. En la práctica, es un truco que permite que los países aumenten sus emisiones indicando que las reducen, mientras llenan los bolsillos de las empresas de servicios financieros. Este tema volverá a surgir en la COP26 en Glasgow el próximo año.

 

El 6 de diciembre, medio millón de personas protestaron en las calles de Madrid, en conjunto con una marcha en Santiago. Los activistas protestaron pacíficamente dentro de la COP25 en varias ocasiones, manifestando su descontento con las negociaciones, situación que repitieron durante las declaraciones finales de los pueblos indígenas, mujeres, ONGs y los jóvenes.

 

La conexión plástico-clima

 

La contaminación plástica es uno de los numerosos síntomas de la falta de sustentabilidad intrínseca de los combustibles fósiles y los complejos petroquímicos que están en la base de la emergencia climática. Los plásticos dañan el ambiente en todas las etapas de su ciclo de vida, en especial cuando se incineran como residuos, liberando una cantidad importante de emisiones de carbono. Mientras tanto, impresionantes inversiones en infraestructura para el plástico están pavimentando el camino para un dramático aumento de producción para el 2025. Para ese entonces, los plásticos podrían representar el 20% del consumo mundial de petróleo.

 

Sin embargo, la conexión plástico-clima no se abordó en las negociaciones de la COP. Las emisiones provenientes del sector de residuos están escasamente registradas en la mayoría de los planes climáticos nacionales (conocido como Contribuciones determinadas a nivel nacional o NDCs). No obstante, las peligrosas y altas emisiones de carbono provenientes de la incineración de residuos en sus distintas formas (incluidos pirólisis, gasificación, “plástico a combustible”) están bien documentadas.

 

Los plásticos también siguieron siendo un problema periférico en los eventos paralelos oficiales en Madrid, un escaso progreso de las COP anteriores en las que el problema estaba completamente ausente. Algunos ponentes expertos confirmaron los impactos climáticos de la incineración de plástico y otros residuos, mientras que otros destacaron la importancia de la reducción del uso de plástico y la reutilización dentro de una economía circular. Por otro lado, los voceros corporativos de los principales culpables de la contaminación por plástico, Coca-Cola, continuaron escondiendo su responsabilidad por los crecientes volúmenes de plásticos de un solo uso en nuestras economías detrás de declaraciones de reciclabilidad exageradas y soluciones falsas como los bio plásticos.

 

Por el contrario, en la Cumbre social en Madrid, que se desarrolló en paralelo a la COP25, las discusiones y exposiciones abordaron el nexo plásticos-clima desde una variedad de ángulos, incluidas las implicancias de su producción exponencial y el rol de la reducción de plásticos, sistemas de retornabildiad y sistemas Basura Cero y el impacto de la incineración de residuos plásticos en el sustento de los recicladores y recicladores informales.

 

“No hay COP, sí hay Cumbre”

 

 

Aunque la COP25 se trasladó a Madrid, España, después de protestas populares sin precedentes estallaron en Chile y que se enfrentaron a una violenta represión y violaciones a los Derechos Humanos por parte de las autoridades chilenas, activistas y organizaciones de la sociedad civil participaron en la Cumbre de los Pueblos en Santiago del 2 al 7 de diciembre. Más de 1500 participantes compartieron experiencias y reforzaron la solidaridad mundial y la acción local mediante más de 40 municipios, paneles de discusión y talleres en tres espacios, la Cumbre de los pueblos, la Carpa de mujeres y la Aldea de la paz. GAIA participó y organizó actividades con representantes de sus organizaciones miembro que incluyeron recicladores informales, representantes de Argentina, Ecuador, Chile, Brasil, Colombia y México

 

La declaración final de la Cumbre de los pueblos enfatizó los derechos de la naturaleza y de todos los seres vivos que sustentan la Tierra, expuso la incineración de residuos como una falsa solución y destacó la importancia de los sistemas Basura Cero desarrollados a nivel comunitario.