La región flamenca de Bélgica, Flandes, se ha convertido en el mayor exponente de la gestión de residuos en Europa, ya que posee la tasa de desviación más alta de ese continente –casi tres cuartos de los residuos domésticos que se producen en la región son reutilizados, reciclados o transformados en compost– y ha logrado estabilizar la generación de residuos.