Centro verde Cortejarena de la cooperativa el amanecer de los cartoneros, en Parque patricios, Buenos Aires

English below

No es necesario esperar sentados a que pase esta pandemia para volver a promover sistemas de basura cero participativos y amables con el entorno. Las formas de decisión y los sistemas que promovemos, donde prima lo colectivo y el bien común, son más urgentes y relevantes que nunca.

Por Magdalena Donoso

Cuando recién inicié algunas lecturas en torno al coronavirus y cómo la pandemia afectaría a las comunidades con las que trabajamos a través de nuestros miembros en América Latina me encontré con un primer número que no conocía y que me asombró profundamente: un 47% del empleo en la región es de carácter informal. Muchos conocemos la situación de informalidad en la que se desenvuelven los recicladores de base en la región, pero este número nos habla de miles de millones de latinoamericanos y pone la urgencia de cambios estructurales en primera línea nuevamente. Cuánto más preparados podríamos haber estado para que esta pandemia no golpeara tan duramente, desde las primeras semanas, a decenas de miles de personas, si la desigualidad no fuera ya parte del ADN de nuestra sociedad. El empleo informal y la precariedad laboral ponen en una situación de profunda indefensión a un número abrumador de personas, y aunque los mecanismos solidarios que se han activado desde el mundo de la sociedad civil han sido esperanzadores y emocionantes, no es suficiente.

Lo cierto es que el Covid-19 ha trastornado las vidas de muchos en el mundo, pero el peligro que trae no se sentirá de la misma forma para todos. Como señala este artículo (en inglés), el coronavirus ha expuesto una enfermedad mucho más grave y ampliamente distribuida que ha mantenido enferma a nuestra sociedad por décadas: la injusticia social, ambiental, económica y racial.

La escena de los cielos limpios de grandes ciudades que por décadas no han logrado ver las montañas alrededor, o de los animales silvestres deambulando por urbes normalmente ruidosas y atiborradas de seres humanos pone un tinte romántico del que nos permitimos disfrutar. Pero lo cierto es que en muchas comunidades a lo largo y ancho del mundo la contaminación por incineradores, cementeras, termoeléctricas y petroquímicas no se ha interrumpido. No importa en qué país de nuestro continente se ubiquen, siempre estas industrias estarán instaladas cercanas a poblaciones vulnerables, empobrecidas, con baja capacidad de respuesta, o bien serán comunidades minoritarias como indígenas, negros, latinos.

De esta forma, a toda la población que por características puntuales de su trabajo están expuestas diariamente a un potencial contagio, se suman los trabajadores informales que deben buscar su sustento día a día circulando en las calles a menudo sin los equipo de seguridad apropiados. Y a ellos se suman comunidades permanentemente expuestas a contaminantes tóxicos que provocan asma, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Es bastante realista pensar que estas condiciones de salud adquiridas producto de la contaminación en sus entornos, hace hoy a estas poblaciones más vulnerables al COVID-19, cuestión que ya ha comenzado a ser observada estadísticamente en otras latitudes.

Los tipos de residuos y sus desafíos

En relación a los residuos hospitalarios, existe consenso en relación a considerar los residuos asociados a Covid-19 como residuos infecciosos comunes, por lo que los sistemas de segregación deberían seguir funcionando de la misma manera y no es necesario tratar estos residuos con desinfectantes. (ver Guía de Salud sin Daño en español). Existen países donde se está considerando reutilizar el equipo de protección personal utilizado para protección de pacientes y trabajadores. Aunque parece paradójico, los sistemas de salud deben trabajar más por hacer sus sistemas internos más saludables también. No queremos que toneladas de residuos sean incinerados o procesados en cementeras, exponiendo con ello una vez más a comunidades ya vulnerables. “Tanto la OMS como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) respaldaron los tratamientos a base de vapor u otros sin incineración, debido a los contaminantes orgánicos persistentes (COPs) producidos por la incineración”, señala la Guía de Salud sin Daño.

En cuanto al manejo de los residuos en nuestras ciudades, hay decenas de iniciativas de apoyo a los recicladores y recicladoras de base para contribuir a sostener sus economías básicas así como para que aquellos que continúan trabajando en las calles lo hagan en las mejores condiciones de seguridad, manteniendo en funcionamiento los sistemas de reciclaje a través de sindicatos y cooperativas. Diversas organizaciones de recicladores han desarrollado incontables sistemas para proteger a estos trabajadores. Asimismo, muchas organizaciones han hecho sus aportes en orientación e información a los gobiernos locales que han visto desafiados sus sistemas de recolección de residuos en el marco de la pandemia.

Los mensajes de la industria animando al uso de plásticos de un solo uso y a la incineración en cementeras e incineradoras como mecanismo para “proteger” a la población (como ha sido el caso de Brasil), no se han hecho esperar. Sin embargo, las respuestas también han sido rápidas. Estudios indican que el virus sobrevive más tiempo en plástico y acero inoxidable que en cartón y cobre. Mientras el sistema proveedor de alimentos está dominado por productos preempacados con plásticos de un solo uso, algunos autores invitan a a preguntarse cuántos puntos de contacto hay para productos preenvasados versus aquellos para productos con venta a granel o en ferias. Esta discusión se conecta directamente con los intentos por bajar o retrasar las medidas restrictivas en relación a los plásticos de un solo uso, que debe llamarnos a continuar atentos y seguir incidiendo en políticas de basura cero.

Enfrentar los estragos de la pandemia utilizando los mecanismos y formas de decisión que han dominado hasta hoy solo perpetuará los problemas estructurales que han hecho aun más dramático este complejo escenario mundial. No es necesario esperar sentados a que pase esta pandemia para volver a promover sistemas de basura cero participativos y amables con el entorno. Las formas de decisión y los sistemas que promovemos, donde prima lo colectivo y el bien común, son más urgentes y relevantes que nunca.

__________________________________________________________________________________________________________________________

Covid-19 in Latin America: New Answers for a Different Future

 

It is not necessary to wait until the pandemic is over to promote environmentally friendly and collaborative zero waste systems. The forms of decision and the systems we promote, where the collective and the common good prevail, are more urgent and relevant than ever.

By Magdalena Donoso

 

 

When I first began to read about Coronavirus and how the pandemic would affect the communities we work with through our members in Latin America I found a number I did not know and it surprised me: 47% of employment in the region is informal. Many of us know the informal situation in which waste pickers work in the region. But this number represents billions of Latin Americans and again, it emphasizes the urgency to make structural changes on the front line. How much more prepared could we have been so that this pandemic would not have hit so hard, from the first weeks, to thousands of people if inequality was not already part of the DNA of our society. Informal employment and job insecurity leave a large number of people in extreme vulnerability and although the solidarity mechanisms activated from civil society have given some hope – it is not enough.

The truth is that Covid-19 has disrupted the lives of many people in the world, but the danger it brings won’t be felt equally. As this article points out Coronavirus has exposed a disease much more serious and widely distributed, which has kept our society ill for decades: social, environmental, economic and racial injustice.

Scenes of the clean skies in big cities that for decades have not been able to see the mountains around, or wild animals wandering around usually noisy cities crowded with human beings puts a romantic tint that we allow ourselves to enjoy. However, in many communities around the world contamination by incinerators, cement, thermoelectric and petrochemical plants has not stopped. It does not matter in what country of the continent they are, these industries are always located near vulnerable and poor communities that have low response capacity or minority communities such as indigenous, black or latinos.

This way, informal workers must be considered among the population that due to specific characteristics of their work are exposed every day to a potential infection because they must obtain their livelihood day by day on the streets, often without appropriate safety equipment. Besides, there are those communities permanently exposed to toxic pollutants that cause asthma, cardiovascular disease and cancer. It is quite realistic to think that these health conditions acquired as a result of environmental pollution make these populations more vulnerable to COVID-19, an issue that has already begun to be statistically observed in other latitudes.

Waste types and their challenges

 

Regarding hospital waste, there is agreement considering waste associated with Covid-19 as common infectious waste, so segregation systems should continue their operations as usual and it is not necessary to treat these waste with disinfectants. (see Health Guide without Harm in Spanish). There are countries considering reusing personal protection equipment used for the protection of patients and workers. Although it seems paradoxical, health systems must work harder to make their internal systems healthier as well. We do not want tons of waste to be incinerated or processed in cement plants, thereby exposing already vulnerable communities. Both the WHO and the United Nations Environment Program (UNEP) supported management methods based on steam or others without incineration, due to persistent organic pollutants (POPs) produced by incineration”, states the guide of Ciudad Sin Daño.

Regarding waste management in our cities, there are dozens of initiatives to support waste pickers to help sustain their basic economies and to ensure that those who continue working on the streets do so in the best safety conditions and keeping recycling systems operating through unions and cooperatives. Different waste picker organizations have developed countless systems to protect these workers. Likewise, many organizations have made their contributions in orientation and information to local governments that have challenged their waste collection systems in the context of the pandemic.

The messages from the industry encouraging the use of single-use plastics and incineration in cement plants and incinerators as a mechanism to “protect” the population (as it has been the case in Brazil), have already emerged. However, responses have also been quick. Studies indicate that the virus survives longer on plastic and stainless steel than on cardboard and copper. While the food supplier system is dominated by prepackaged products with single-use plastics, some authors ask the question, how many contact points are there for prepackaged products versus those for products sold in bulk or at local markets. This discussion is connected with the attempts to decrease or delay restrictive measures related to single use plastic, which should stay alert and continue to advocate for zero waste policies.

Facing the ravages of the pandemic using the mechanisms and forms of decision that have dominated until today will only perpetuate the structural problems that have made this complex world scenario even more dramatic. There is no need to sit and wait for this pandemic to be over to promote environmentally friendly and collaborative zero-waste systems. The forms of decision and the systems we promote, where the collective and the common good prevail, are more urgent and relevant than ever.