La incineración de residuos -tecnología que quema los residuos como tratamiento final y genera energía con altos costos sociales, económicos y ambientales- es promovida en América Latina por ignorancia. Ya no son solo las comunidades y las organizaciones ambientalistas las que rechazan estas alternativas: la International Solid Waste Association ISWA, el Banco Mundial, ex promotores de la incineración, ex ministros de medio ambiente de países desarrollados que tienen a la incineración como columna de sus modelos de gestión de residuos, se han referido extensamente a los inconvenientes del sistema y a la imposibilidad de hacerlos confiables particularmente en países donde la capacidad de gestión de los residuos está en proceso de desarrollo. Y sin embargo, las propuestas para la construcción de incineradores en América Latina siguen sumando, mientras la sociedad civil y tomadores de decisión las resisten, motivados por los principios de basura cero que se han intentado poner sobre la mesa, y los casos y modelos que están dando esperanzadores resultados en el mundo.

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Al fondo, incinerador en París. 2015. Fotografía de Magdalena Donoso.

América Latina, diciembre 2016. El relato publicado en el periódico The Star de Toronto (Canadá) comienza así: “todos los años, cerca de 3 mil camiones con 100 mil toneladas de residuos municipales hacen el trayecto desde York y Durham a Model City, Nueva York, para dejar la basura de la región en el patio trasero de otros”. Y el pulso dramático continúa en aumento: “pero pronto, esos camiones recorrerán un tramo de asfalto nuevo que conduce a un complejo grande y plateado” -(¿esto es igual a muy bueno?)-. Desaparecerán en el interior a través de una puerta de garaje de gran tamaño.” ¿Un cuento de hadas? La historia concluye así: “en el curso de un año, esos camiones destinarán 140 mil toneladas de residuos municipales a ser quemados”. Aquí uno se siente como en esos cuentos de niños donde el final es horrendo pero aparentemente feliz, como cuando para salvar a Caperucita matan al lobo de manera brutal.

La reportera habla de la nueva planta incineradora en Canadá, construida por Covanta –una de las compañías más consolidadas del mundo en el manejo de incineradores. Con un nombre que oculta lo que realmente es –un incinerador- el Centro de Energía de Durham York, que costó 289 millones de dólares, puede procesar más de 140,000 toneladas de residuos municipales/año y tuvo una gran oposición ciudadana. Ya en 2006 los concejales de Durham y York apoyaron los “residuos para energía, considerándola la mejor opción de largo plazo, local y sustentable para la disposición final de los residuos domiciliarios”.

Después de muchos tropiezos, la planta comenzó a funcionar en 2016, y en su último monitoreo en mayo de 2016 arrojó 12 veces el nivel de emisiones de dioxinas permitido por el Ministerio de Medio Ambiente. Los consultores de la empresa que emiten informes de monitoreo señalaron, entre otras cosas, la falta de capacitación del personal. Esto obligó a la instalación a cerrar uno de sus dos hornos hasta que pudieran dar garantías que la situación se normalizaría.

El exhaustivo monitoreo reportó varios problemas: en primer lugar, la frecuencia con que está estipulado que se realice, una vez al año. Segundo, el uso de tecnologías más modernas que debieran incluir muestreos de mercurio y CEMS para material particulado, y no el nivel de opacidad que está siendo usado en el caso del incinerador.

La comunidad que peleó contra el incinerador está concentrada ahora precisamente en que se mejoren los monitoreos, y explica que la industria de la incineración afirma que sus emisiones son extremadamente bajas y que lo que hacen es “energía verde” solo gracias a que los monitoreos son en general deficientes y por lo tanto no se encuentran disponibles resultados reales de operación de las instalaciones.

Los costos de monitoreo, que en Canadá son asumidos por la misma empresa incineradora, son solo un aspecto de los gastos asociados a un incinerador. Financieramente, el gobierno local de Durham ha tenido que asumir un sin fin de costes adicionales e imprevistos. Como señala Linda Gasser, miembro de la comunidad de Durham y entrevistada para este artículo, “nuestro gobierno regional (Durham) se ha encontrado con costos asociados al incinerador que van en aumento, para consultores, revisores, litigios y todos los problemas que están surgiendo ahora. ¡Y eso que es un incinerador nuevo, supuestamente con la más nueva tecnología para incineradores mass burn!”.

Falsedades por doquier

En 2014 Paul Gilman, director de sostenibilidad de la empresa Covanta con base en Nueva Jersey señalaba que la instalación tiene un contrato por 20 años, y que “mientras las personas los llaman incineradores, no tienen nada que ver con los incineradores del pasado”. ¿A qué “pasado” se referirá el señor Gilman? Lo curioso es que “en el pasado” había otros promotores que hacían las mismas afirmaciones respecto a la inexpugnable seguridad de los sistemas. Fácilmente nos podemos encontrar con innumerables artículos de hace una década o más que aseguran que no hay de qué preocuparse. A estas argumentaciones tan fácilmente refutables se suman una serie de lugares comunes, o ironías de poca monta, como la del Coordinador del proyecto de Durham Greg Borchuk: “basura cero es una linda idea, algún día tal vez lleguemos allí. Pero necesitamos una respuesta ahora”.

Nickolas Themelis, director del Centro de Ingeniería de la Tierra en la Universidad de Columbia, y con dos oficinas en América Latina que tienen por objetivo promover las tecnologías que usan los residuos para energía en AméricaLatina, (el Centro de Recuperación de Energía y Materiales en Chile y en Brasil), ha señalado que los temores acerca de las emisiones de las instalaciones de conversión de residuos en energía son sólo eso – miedos. Vale la pena destacar aquí que la principal función de un incinerador es el tratamiento de los residuos, mientras que la generación de energía es colateral.

Haciendo referencia a la realidad del caso de los incineradores en Canadá en particular, señaló que “están sujetos a las condiciones ambientales más estrictas. Estos son estándares más altos que los de otras instalaciones de combustión a alta temperatura.” Frente a la preocupación de quienes se oponían al proyecto por las emisiones y sus impactos sobre la salud, Themelis ha declarado que estudios recientes demostraron que esas emisiones, en una instalación moderna, son bajas. “No hay ningún problema con las dioxinas, es intrascendente”, dijo Themelis: “por desgracia, es una cuestión de temor.” Usando sistemas de control modernos y probados el “Durham York Energy Center cumple con los más estrictos estándares ambientales, reduce los gases de efecto invernadero comparado con la opción de rellenos existente hoy…”, concluye el renombrado académico que hace años promueve estas tecnologías en América Latina.

Bien, el hecho es que se han detectado niveles alarmantes de emisiones de dioxinas, compuestos químicos tóxicos, sobre los cuales la Organización Mundial de la Salud ha declarado que pueden provocar cáncer, entre otros efectos para la salud, y concejales y empleados de la región de Durham están llamando a testeos más frecuentes del incinerador. La realidad de la contaminación del incinerador ha impactado incluso a aquellos que en su día lo defendieron, y que hoy abrumados por los resultados, presionan por más monitoreo. Los grupos que han seguido este caso afirman que el jefe del área de salud, Doctor Robert Kyle, está preocupado ahora, pero no lo estuvo en los últimos 10 años, durante todos los estudios de impacto ambiental y las aprobaciones provinciales. Hoy es el propio Dr. Kyle quien presiona por más vigilancia, afirmando en el periódico The Star que “emisiones de dioxinas y furanos sostenidas son un problema a la salud potencial, principalmente a través de la cadena alimenticia”, ya que son bioacumulables. Kyle considera los resultados “alarmantes” y ha expresado preocupación por el riesgo a las personas no tanto a través de la inhalación sino de la ingestión. En relación a lo anterior, el Concejal Joe Neal, en el artículo periodístico de The Star, señaló su preocupación por la cercanía al incinerador de muchas granjas de frutas y verduras que podrían verse afectadas por las emisiones de las chimeneas.

América Latina: un mercado de interés para la industria incineradora

Los países de América Latina reconocen en los residuos un problema urgente que resolver: el sistema de gestión de residuos generalizado sigue siendo aún el relleno sanitario como solución a corto plazo, y aun en muchos países el basural a cielo abierto. Y todos ellos con una población recicladora que es la que ha venido haciendo el rescate de materiales desde siempre.

En un sistema de generación creciente de residuos y soluciones repetidas y agotadas, nos enfrentamos a la búsqueda frenética de soluciones cortoplacistas, el mejor escenario para que la industria de la incineración irrumpa. A este complejo panorama se suman municipios desesperados en busca de una solución, la corrupción, la cooperación internacional que promueve estas tecnologías, incluso desde las mismas Embajadas, alineados con la “generación de energía” a toda costa, una industria que viene desde los países del Norte, en busca de nuevos nichos sin consideración alguna de las realidades de los países donde promueven sus tecnologías “waste to energy”.

La promoción de políticas nacionales pro-incineración es el resultado de un proceso de toma de decisiones que no distingue las diferentes necesidades entre ciudades; que discute las políticas en las cúpulas y sin participación ciudadana, que desprecia los enormes y variados aportes e ideas del movimiento basura cero y la existencia y contribuciones de los recicladores en la región y en el mundo, que ignora los impactos de la incineración sobre la población y el medio ambiente.

La promoción de estas políticas se sustenta además en la más profunda ignorancia; mientras quienes las promueven lo hacen porque ven un negocio, quienes las acogen no ven o no quieren ver lo que resulta evidente: ya no son solo las comunidades y las organizaciones ambientalistas las que rechazan estas alternativas: la Asociación Internacional de Residuos Sólidos ISWA, el Banco Mundial, ex promotores de la incineración, ex ministros de medio ambiente de países desarrollados que tienen a la incineración como columna de sus sistemas de gestión de residuos, se han referido extensamente a los inconvenientes del sistema, a la imposibilidad de hacerlos confiables particularmente en países donde la capacidad de gestión de los residuos está en proceso de desarrollo, etc.

¡El llamado a informarse!

Lo lamentable de los tomadores de decisión es que no se informan y repiten insistentemente que demos vuelta nuestras miradas hacia Suecia y Noruega, que gestionan –según su evaluación – “tan bien” sus residuos al punto que deben importarlos porque no tienen suficientes para alimentar a sus incineradores. Un estudio encargado por GAIA concluye que en algunos Estados miembros de la Unión Europea como Alemania, Dinamarca, Suecia, Holanda y el Reino Unido ya hay más capa

cidad de incineración que la cantidad de residuos no reciclables generados. Según el estudio esta sobrecapacidad de incineración está aumentando los envíos de residuos en la UE, lo que socava el reciclaje “especialmente en aquellos países que están más lejos de alcanzarlos”, así como el principio de proximidad. En el informe GAIA señala que “si la Unión Europea debe mantener su compromiso de limitar la incineración a los no reciclables para 2020, la estrategia debería ser cerrar las incineradoras y no construir nuevas”.

La sociedad civil y tomadores de decisión de varios países de América Latina se encuentran hoy resistiendo estas propuestas, motivados por los principios de basura cero que se han intentado poner sobre la mesa, y los casos y modelos que están dando resultado en el mundo en esa línea.

Ya nadie recomienda la incineración…

ISWA ha promovido históricamente la incineración –o los residuos para energía- como un sistema de gestión eficiente. Sin embargo, un reciente documento de su autoría expresa que “implementar una incineradora en un sistema de manejo de residuos deficiente y sin una planificación apropiada puede llevar al fracaso económico de la propuesta”. Entre los riesgos principales que señala el documento se encuentran cantidades variables de residuos destinados al incinerador, bajísimo valor calorífico, apoyo financiero deficiente, opciones tecnológicas inapropiadas y contextos institucionales inadecuados.

waste-hierarchyPor su parte, el Banco Mundial, en su jerarquía de residuos (ver recuadro), clasifica a la incineración como un sistema de disposición final y lo sitúa como última opción, solo antes de los vertederos o botaderos. Asimismo, advierte que el incinerador necesita un relleno sanitario complementario para las cenizas y los residuos no combustibles.

<a href="http://eng tadalafil tablets.mst.dk/media/mst/Attachments/Ressourcestrategi_UK_web.pdf” target=”_blank”>El caso de Dinamarca es ejemplificador: es uno de los países de la UE que genera más residuos per cápita, y es líder mundial en incineración de residuos domésticos. Por ello, el nuevo plan de gestión de residuos presentado en noviembre de 2013 se llama “Dinamarca sin residuos– Reciclar Más, Incinerar Menos”. La entonces Ministra a cargo del mismo señaló: “en Dinamarca hemos estado incinerando casi el 80 % de nuestra basura doméstica. A pesar de que esto ha hecho una importante contribución a la producción de energía verde, materiales y recursos que podrían haberse reciclado se han perdido. Ahora vamos a cambiar esto”.

Además de lo expuesto hay razones estructurales para detener estas propuestas: la agresiva entrada de la incineración como opción para el manejo de los residuos de las ciudades de América Latina amenaza el potencial de cambio en los patrones de consumo en favor de la recuperación de los residuos para devolverlos a la sociedad o a la naturaleza así como las posibilidades de reconocimiento e inserción de la población recicladora como un componente más del sistema. Y sin duda socava el plan de hacer partícipe a los ciudadanos en su conjunto de los caminos de solución a este desafío.

Centro de Reciclaje de Materiales a cargo de recicladores en Bogotá, Colombia. Fotografía de Magdalena Donoso

Centro de Reciclaje de Materiales a cargo de recicladores en Bogotá, Colombia. Fotografía de Magdalena Donoso

Ojalá cada tomador de decisión de los gobiernos locales de nuestro continente conociera esta
historia. Ojalá cuando les invitan a giras tecnológicas para conocer los super-incineradores de Europa sean capaces de ver más allá de lo que les están intentando vender. Ojalá no recojan estas ofertas y por el contrario se hagan célebres con apuestas a mediano y largo plazo, integradoras, participativas y sostenibles, bajo los principios de basura cero.

Magdalena Donoso
Coordinadora de GAIA América Latina

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